"El cielo se vuelca en un triste nubarrón color índigo con la continuidad de la brisa, esta ha engalanado el ambiente con un brumoso aire de nostalgia, es un viernes noche y me doy cuenta de que algo va mal en la sabana, la joven y risueña leona carece ya del ritmo de la Habana; leona, belleza y carácter por fuera, por dentro fidelidad y ternura. Se humedecían y abrazaban mis párpados al escuchar aquella noticia, la que era suya en desgracia. Sólo pensar que aquella mujer, dueña de infinitas sonrisas, se sintiese sola en este mundo salvaje y peligroso hizo que de mi ser surgiese lo inefable de los sentimientos, compasión y aflicción en un mismo tiempo, lo que hizo tenderle mi mano. Me revienta pensar que la atase la soledad, la carcomiese el dolor, la ausencia del cariño que pudiese experimentar. "
"El eco de la noticia; el pilar de su respeto y de amor condicional cotidiano, su sol arropador, el padre de todos su capítulos le había abandonado, el azaroso tiempo y naturaleza se lo habían arrebatado, la alta fidelidad se había alejado... Lo que dio paso al dolor de los recuerdos que gritaban las lágrimas a su paso por sus morenas mejillas. Pero cuando ocurre el hecho por el cual la propia naturaleza no nos ha preparado, comenzamos a creer que lo más pragmático es seguir la senda de la soledad. Podemos pensar que recobrar la normalidad, nuestra vida, es costoso, así es pues lo que de verdad merece la pena.
Joven leona, tómate tu tiempo, no vivas demasiado deprisa, los problemas vendrán y pasarán, encuentra el cariño que has perdido, no te preocupes, lo encontrarás. No dudes pedirme sin reparo alguno en pedirme ayuda. Se algo que te guste y comprende el mundo que te rodea. No pienses en ningún momento que estás sola; recuerda las inmortales leyendas para que iluminen cada una de las sonrisas que te quedan por regalar a aquellos ojos que ven en ti la mujer fuerte que eres.
Tú eres el camino, no lo olvides."