jueves, 16 de septiembre de 2010

Obscenidad natural.

Os voy a hablar de un hombre, un hombre que nada más levantarse por la mañana se afeitaba escuchando Hound dog de Elvis, una rutina corriente, siendo delicado en estilizar su bigote y perilla. Señor rubio le llamaba yo cariñosamente, habíamos sido durante 10 largos años amigos de fiesta, compañeros de secretos y bien se podría decir que era una persona algo inestable, un tanto rara, si, en fin, bipolar. A todo esto era un obseso sexual, visor interno de faldas, tocador de senos, desgarrador de labios pero aún así no había nada de malévolo en sus actos, pues así es la naturaleza humana.


Bien, entonces ocurrió un día que se enamoró perversamente de Susan, belleza inexpugnable, pero algo corta de intelecto y algo minimalista en lo que su armario se refiere. La tomó, estuvo con ella hasta que el querido kamasutra quedó más que grabado en el fondo del colchón. Así estuvieron hasta que los polos se derritieron 8 cm. Ella sin saberlo había engendrado sin ton ni son un racimo de odio que dió de sí innumerables discusiones con ... y así pues el tarro harto de tanto merengue, decidió quebrantar varios mandamientos con tal de alejarla de su casa. Y así fué, hasta que un día llegó a su piso de la calle Guatemala, al lado del bar Ulises. Allí estaba ella, firme con una postura emulando a la querida Marilyn, con una sonrisa que bien podría fulminar monedas de dos caras con lo falsa que era. Él que aquel día se podría decir que tenía su parte yin de su lado, le ofreció algo que aquella dama añoraba desde que la abandonara en el virginal olvido, le convidó cordialmente a la cena. Y os preguntareis, a que cena? Pues sonará demasiado obsceno para vuestros pabellones auditivos, pues la de su verga rellena.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Sobre ella.

No sé si oigo la molesta brisa o que su delicada voz no llegan a estos sobrios oídos. Pero puede que no vuelva a ver esos jodidos ojos después de tragarme ese reconfortante Jim Beam con hielo, ese brebaje está delicioso. Veo todo a través de mis caras gafas de pasta, os juro por el tiempo que esos ojos azules, dios que esos ojos azules paralizan al mismísimo Harry el sucio! Aquellos que congelaron cualquier mentira. Ahora bien, me planteo seguir con la conversación en el tono mas o menos normal creyendo conveniendo recalcar la belleza de la susodicha mujer que enfrente la tengo como prolongación de las sillas de metal de la terraza del café. Hemos conversado sobre innumerables contiendas en condicional, dejando caer el cariño por un afilado precipicio.

¿Que es bonito? Nada es bonito.Ahora se ha dejado caer de entre las nubes un mísero rayo de sol para dar entre si una abrumadora clarividencia de su delicado cabello color trigo. No me acuerdo ya el tema de la conversación, si es extraño, me ha fallado la memoria. Pero el miedo, nos hace ser impotentes y menos subjetivos, he de plantearle una firme proposición de besarme con esos labios que recuerde que a veces la distancia más larga es la distancia entre dos personas. Y decirle adiós desconocida hermosa.