lunes, 16 de julio de 2012
Era invierno y hacía una noche glacial. La nieve había cubierto la tierra con una capa espesa y envuelto también las ramas de los árboles; la helada iba rompiendo las ramitas, a ambos lados del camino, a medida que pasaban, y cuando llegaron al Torrente de la Montaña le vieron petrificado en el aire porque la reina del hielo le había besado.
Si, otra vez.
Otra vez, abandonado me dejó, afuera llueve a cántaros en pleno Junio; y aquí los adoquines levitan. Son las 10 y aún no ha llegado a casa a cenar, cuando ya los últimos rayos de sol se cuelan entre las grisáceas nubes.
Sí, me adandonó repito, aquí la espera, su cámara llorando en lente y alma; no, en absoluto es interesante. A causa tuyo el sueño se encalla en la arena nueva.
Sí, por enésima vez me abandonó, o no, escucho el cerrojo, y de entre la puerta entreabierta diviso su sonrisa de Artemisa. Vuelve pero no a por mi sino a po el libro que tenía olvidado; la conocía, pero no sabía en verdad su nombre; todo era a causa de ella, y todo esto a través del objetivo de su prolongación...
Sí, me adandonó repito, aquí la espera, su cámara llorando en lente y alma; no, en absoluto es interesante. A causa tuyo el sueño se encalla en la arena nueva.
Sí, por enésima vez me abandonó, o no, escucho el cerrojo, y de entre la puerta entreabierta diviso su sonrisa de Artemisa. Vuelve pero no a por mi sino a po el libro que tenía olvidado; la conocía, pero no sabía en verdad su nombre; todo era a causa de ella, y todo esto a través del objetivo de su prolongación...
A Atenea, si es que existe.
Me pasé buscando a la delicada Atenea desde la galaxia del cisne a la del caballo, pero no la encontré. La recuerdo sobre las luces de las farolas, cada sonrisa y cada gesto; y cómo hablaba de los saberes.
Cuando Artemisa me dejó en el lago Estigio, Atenea me salvó y me alimentó de saberes y por supuesto de su sonrisa o quizás de su presencia misma. Cuando estábamos en el sauce, se desvaneció, no la volví a ver, ni tan siquiera en una mísera constelación. No sé, todo era un misterio, más aún que el del origen del universo.
No me recalques la realidad, si de un sueño vivo, o de un sueño quiero fallecer, porque veo velas encendidas alrededor de mi cabeza y su fuego me da más energías para encontrarte, porque un sueño, agarra un propósito y ese eres tú.
Como un señor.
¿Cómo?¿Que no puedo bañarme con zapatos? Creo que me iré y me llevaré mi gramola a otra parte-Frank estaba enfadado-cogió sus zapatos azules y se fué de la piscina.
Cuando llegó a la playa siguió sus zapatos que con vida propia se zambulleron en el agua y Frank con ellos. Era verano y llovían cántaros, pero aún así Frank los recogío y sacó la fortuna de su vida, eso dice la inscripción de su lápida, la lápida de un señor, señor.
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