viernes, 10 de septiembre de 2010

Sobre ella.

No sé si oigo la molesta brisa o que su delicada voz no llegan a estos sobrios oídos. Pero puede que no vuelva a ver esos jodidos ojos después de tragarme ese reconfortante Jim Beam con hielo, ese brebaje está delicioso. Veo todo a través de mis caras gafas de pasta, os juro por el tiempo que esos ojos azules, dios que esos ojos azules paralizan al mismísimo Harry el sucio! Aquellos que congelaron cualquier mentira. Ahora bien, me planteo seguir con la conversación en el tono mas o menos normal creyendo conveniendo recalcar la belleza de la susodicha mujer que enfrente la tengo como prolongación de las sillas de metal de la terraza del café. Hemos conversado sobre innumerables contiendas en condicional, dejando caer el cariño por un afilado precipicio.

¿Que es bonito? Nada es bonito.Ahora se ha dejado caer de entre las nubes un mísero rayo de sol para dar entre si una abrumadora clarividencia de su delicado cabello color trigo. No me acuerdo ya el tema de la conversación, si es extraño, me ha fallado la memoria. Pero el miedo, nos hace ser impotentes y menos subjetivos, he de plantearle una firme proposición de besarme con esos labios que recuerde que a veces la distancia más larga es la distancia entre dos personas. Y decirle adiós desconocida hermosa.

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