lunes, 14 de febrero de 2011

La vieja lavanda.

No fué culpa del lugar ni del momento; las lavandas hay que cuidarlas. Estas o esta, si, quizás sea esta, me sonríe, y yo, ni me inmuto; la estupidez es mi fuerte sin duda. Su mirada agudiza mi arrepentimiento, pero en breves viajará con el viento.

Marylin recriminaba el dejarse llevar siempre por le momento; esto es tiempo, no una película querida. Ya embriagado de coco y vainilla me quedo sobre mis ruedas, a lo lejos se ven nubes.

Todo se desvanece, aquellas notas de violonchelo colgadas en la pared; ya sólo son pésames de un gorila oportunista. Mientras, mi ego de camino al solitario faro observa que, en la orilla ya sólo quedan sus huellas.

Quizás, quizás cuando la nueva lavanda brote en verano, me regale otro aroma.

http://www.youtube.com/watch?v=ZS7jD66f_xo

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