martes, 3 de agosto de 2010

El reflejo del sendero.



Pongamos que son desconocidos,uno se conoce, el otro quiere conocerle, los dos se miran; cuando ya no están juntos solo tienen sus reflejos en sus manos, uno tiene miedo y el otro miedo sobre el miedo del otro.

Pero de repente se vuelven a encontrar, uno se desconoce del otro y el otro cree conocerle, los dos se miran, sí, uno se encapricha con fotografíar ese momento para que no acabe en el fondo oscuro de su pupila. Uno ya se va, el otro en breves visita el insomnio, no tiene dudas, claro que no, quiere lo que quiere; quiere su sonrisa, quiere su frente a frente, quiere sus gestos, quiere sólo su perdición y su pensamiento. Por que aunque sea de noche uno lo vé todo claro, mientras el otro viaja por el sendero de Atenea.


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